jueves, 3 de octubre de 2013

De bomberos y cantantes de country

Dos de las nuevas series que más me gustaron el año pasado estrenaron la semana pasada sus segundas temporadas. 'Chicago Fire' se ha mudado a la noche de los martes y el cambio de día le ha sentado de maravilla: más de nueve millones de espectadores y un gran 2.8 en demos (el año pasado se estrenó en Octubre sin alcanzar los seis millones y medio y con un aceptable 1.9); 'Nashville' sigue emitiéndose en la noche de los miércoles, y en su regreso obtuvo más de seis millones y medio de espectadores con un 2.1 (el año pasado se estrenó con casi nueve y marcando un 2.8).


'Chicago Fire' demostró con su primera temporada (en realidad sólo necesitó un par de capítulos) que era mucho más que un drama de bomberos guapos sin camiseta. Para empezar: guapos sólo hay dos. Y para continuar: las escenas sin camiseta son muy escasas. Lo que sí es cierto es que a los miembros de la estación 51 de Chicago se les coge cariño con facilidad. Superados todos los dramas de la temporada pasada (aquí nadie se salva) nos enfrentamos a algunos nuevos (la trama de Heather, el pirómano tras Severide, Mouch aspirando a presidente del Sindicato, la presencia del chivato del personaje de Michelle Forbes) y seguimos con otros del pasado (el embarazo de Renée, el bar de Gabi, Otis y Hermann). Lo más interesante, a priori, es todo lo relacionado con la nominación a "Próxima Estación de Bomberos Cerrada" que sufren en la 51. La ya citada Forbes es la encargada de supervisar las estaciones nominadas y la que, al final, tomará la decisión. Y para ello ha metido a un infiltrado (Jeff Hephner, que echará de menos todos los polvos que echó en 'Boss'), que llega a la 51 después de que su estación haya sido cerrada. Además, parece ser que Gabi (como si ya tuviese pocos) tiene otro pretendiente llamando a su puerta: Jesse Lee Soffer, al que el año pasado vimos en la cancelada 'The Mob Doctor'.

Espero seguir disfrutando con 'Chicago Fire' tanto como lo hice el año pasado.


'Nashville' introdujo el country en nuestras vidas seriéfilas. La rivalidad entre la reina Jaymes (el pelo pelazo de Connie Britton) y la princesa que todo lo quiere (la cara bollito de Hayden Panettiere) nos engachó cosa mala y nos regaló un final de temporada de los que hacen afición. Ahora toca continuar donde lo dejamos: con el drama de Deacon (ARGH) recayendo en el alcohol y arrastrando a su infierno a todos los que pilla por el camino. El descrubimiento del verdadero padre de Maddie (que no por previsible dejó de ser bien recibido) fue la chispa que originió todo. Con el pago de la fianza de Deacon igual no nos adentramos en el mundo judicial de Nashville, aunque su abogada dejó bien claro quién fue la única responsable del accidente. La que no deja pasar oportunidad para lucirse es Juliette, que no tardó nada en publicitar su visita al hospital y convertirse en la nueva mejor amiga de Maddie. Ay, Maddie, vigila con quién compartes tus secretos. Además, se han abierto dos nuevas tramas: por un lado la investigación que el Fiscal va a realizar en torno a la muerte de la madre de Rayna y la implicación de su padre (para lo cual recurren a la hermanísima, que si no recuerdo mal, iba a ser cabeza de turco en la posible investigación contra su padre). Y luego tenemos el no embarazo de Peggy, que sigue siéndolo a ojos de Teddy.

Por supuesto la trama musical de Scarlett y sus novios (el feo Avery y el guapo Gunnar) será una constante a la que habrá que añadir el toque macho gay que traerá Chris Carmack. Tenemos 'Nashville' para rato.